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Tito Fernández Cubillos

Fotografía Tito Fernández CubillosBesar por besar: una larga historia para ser contada

Jueves, 18 de Diciembre de 2008
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"Lo bueno de los años es que curan heridas,
lo malo de los besos es que crean adicción".
(Joaquín Sabina)

UNO) BESAR: QUÉ ACTIVIDAD MÁS HUMANA!

Tal vez una de las acciones humanas más recurrentes y prostituidas sea la acción de besar. Una actividad tan propia del afecto, tan visual como plástica, tan imposible de fijar en palabras y tan cotidiana que de ella todos tenemos experiencia. El beso -desde el publicitado cartel de Benetton -donde un cura de sotanas besa apasionadamente a una monja-, la fotografía de una marinero que besa a su novia a fines de guerra, hasta la translucida acotación de Klimt- es algo que nos desborda por la literatura, el cine, la televisión y que, sin duda alguna, representa lo que pensamos (aunque no declaremos y reconozcamos) que es el amor.

Cuando definimos beso siempre caemos en una adorable e ingenua abstracción y declaramos cosas tales como "La acción de acariciar con los labios u otras partes de la boca, acción que puede estar motivada por el respeto, la amistad, el amor o el deseo sexual".  Muy de diccionario por cierto, aunque siempre un remanente interno apunta a lo que sabiduría pop nos regala: el beso es la "cosa que un niño recibe gratis, un joven roba y una adulto paga".  En una u otra nos mantenemos en el campo de lo amoroso-sexual, eso que con pudor y algo de mojigatería llamamos tímidamente erótico o del campo del afecto franco (como el de un padre a su hijo) o enrollado y obtuso (como el de Edipo a su Madre –aunque se sospecha que a Edipo le gustaba más una tía). De algún modo se nos olvida (más bien evitamos recordar) que no todos los besos son expresiones de amor romántico (como los de Abelardo y Eloísa, Romeo y Julieta, Tristán e Isolda… casi todos no solo marcados por el sino de la desgracia) sino que también son signos de vasallaje, sumisión, de traición, de perdón, de redención, de arrepentimiento o simplemente de formalidad descuidada.

A lo largo de la ilusión de continuidad temporal que llamamos historia  hemos visto como hermanos de religión se dan ósculos santos para manifestarse la paz, reyes besan plebeyos por distintos motivos, madres a hijos antes de dormirse, santos a pecadores como signo de misericordia, diablos a brujas en las conjuras de la noche, princesas a sapos para romper encantos, asesinos a sus verdugos, vivos a muertos, hay muertos que aprenden a besar, enemigos que sellan veredictos de venganza, vasallos que prometen fidelidad, enfermos que se despiden, leprosos que se vengan y sanos que se saludan, encuentra, despiden y se pierden en el tiempo. En fin, en nuestras historias todos se besan, se abrazan,  se manifiestan devoción u odio, desfallecen o sucumben en brazos de quienes nos rodean desde siempre, entre zozobra y éxito no hay buen relato de la memoria que no termine con un buen beso: tanto al cerrar la carta enamorada,  al volver a la tierra de origen, la cruz cuando se jura, la traición y la condena de muerte.

DOS) TODO POR UN BESO

Seguramente los teólogos cristianos han dedicado mucha tinta y entusiasmo a fijar en la memoria del texto el no muy feliz beso de Judas a Cristo. Si bien tenemos en la retina el cuadro del Caravaggio ha sido el comentario bíblico el que nos ha presentado tal beso como un monumento a la traición y a la mala leche que decantará en el bien de la redención. Mal por Judas, bien por nosotros. Es curioso besar de algún modo se asocia a entregarse al otro y Judas entrega a Jesús con un beso… tradición y traición poseen un origen coman en una palabra latina que significa entregar.  Por otra parte encontramos el beso asociado a la condena por traición: se cuenta que entre mafiosos y gángsteres un beso en la boca significa nada menos que una condena a muerte.

En la esfera del derecho nos encontramos con el beso en el juramento de vasallaje, donde sella el ritual de contrato entre señor y el siervo. Georges Duby, en su libro Europa de la Edad Media refiere a tal beso: "como signo de abandono, de entrega completa de sí mismo, las dos manos juntas entre las manos de aquél, quien por ese gesto, se convertía en su señor. Pero no permanecía largo tiempo en esta posición humillada; el señor lo levantaba de inmediato y le daba un beso en la boca". Llama la atención dos hombre sellando un pacto de honor contractual con un buen calugazo en la boca… no es de extrañar que el gesto de vasallaje posteriormente asumiera la postura típica de oración, y que los abrazos y los besos fueran reemplazados por las manos juntas dentro de las manos del que posee mayor rango. Sabemos que no es bien visto que los milicos y los hombres de armas anden toqueteándose y besándose en público.

De besos tenemos otras noticias curiosas también venidas del Medioevo vienen reportadas por Johann Huizinga en su ya célebre El otoño de la Edad Media: en París encontramos dos: la primera en 1304, el preboste de la Universidad Pierre Jumel, por motivos un poco confusos, hace ahorcar al estudiante Philippe le Barbier, quién más que algo de fama de goliardo exhibía. Este hecho produce un serio conflicto porque pasa a llevar la autoridad del rey que protegía a la Universidad y en consecuencia a los estudiantes. Tal conflicto termina con el preboste relevado de sus funciones con una condena de construir dos capillas (con un estipendio anual para cada una incluida) además de bajar del cadalso Le Barbier -ya cadáver desde hace algunos días- y besarlo frente a todo el pueblo. Aquí se nos aparece el beso como feroz castigo y ciertamente hay besos que son duro castigo. La segunda noticia es de 1411 cuando el Messire Mansart du Bois, que enfrentado a la pena de muerte por decapitación no le basta con otorgar el perdón a su verdugo cuando éste se lo solicita –costumbre arraigada en el cadalso– sino que hasta le ruega que lo bese. Ejemplar modelo de misericordia, aunque el beso y la muerte curiosamente se encuentran casi siempre.

En la literatura, pensemos en Shakespeare, el beso es signo de exceso en el enamoradamente necio Otelo que va a besar a su Desdémona hasta quitarle el aliento de infundadamente celoso que era. Hay besos que matan. Otros besos curiosos los encontramos en la Comedia de Dante. Allí el divino vate y Virgilio se toquetean, se abrazan, se besan 'a piacere' y, en algunos momentos complicados Virgilio maternalmente toma en brazos  a Dante. Muy de poetas por cierto eso de toquetearse y besarse con tanta familiaridad. Otros poetas que supieron de besos apasionados en París fueron Rimbaud y Verlaine. Seguramente el campeón del beso lanzado es nuestra bestia erótica oriunda desde el Sur: Pablo Neruda que comía ajos y besaba con gusto a mariposa.  No podemos dejar de recordar a Kafka que piensa que los besos que no se dan terminan por perseguirnos como fantasmas por los caminos.

TRES) LA MÍSTICA DEL BESO

En el mundo espiritual también el beso posee su lugar curioso. El beso ocupa un lugar interesante en algunos textos del Evangelio: En Lucas Jesús refiriéndose a la pecadora afirma: "Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies". Ella realiza este gesto como señal de especial devoción. También se utiliza el beso en señal de "abrazar" y de "saludo" como en el Hijo Pródigo "Estando él todavía lejos, le vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente". En los Hechos se habla de una despedida del Apóstol de los gentiles: "Rompieron entonces todos a llorar y arrojándose al cuello de Pablo, le besaban". En algunas Cartas paulinas (al final de la carta), el término aparece en la exhortación a saludarse mutuamente, "con un beso santo". Y va a ser Mateo que va a fijar la acción de Judas: "y al instante se acercó a Jesús y le dijo: "¡Salve, Rabbí!", y le dio un beso". El beso funda una dimensión espiritual en el cristianismo.

En la tradición cristiana el besar encuentra un sello de paradoja: el dulce Francisco de Asís besa leprosos -que antes le repugnaban- como sello de su encuentro con Cristo. El mismo cuenta al final de su vida: "El Señor me dio a mí, el hermano Francisco, la gracia de comenzar a hacer penitencia. En efecto, como estaba en pecado, me resultaba muy amargo ver a los leprosos, pero el Señor mismo me condujo entre ellos y con ellos ejercí la misericordia". Esta idea reaparece  más tarde en Catalina de Siena, como signo de penitencia besa frente a testigos la llaga purulenta de un enfermo en el hospital.  El besar a personas infortunadas es un signo de la conversión cristiana. El místico flamenco del siglo XIV, Johannes Tauler escribe un interesante -y no menos inquietante- tratado sobre el alma – a la que entiende dotada de corporeidad metafórica– donde invitaba a poner los labios sobre las heridas sangrantes del Salvador. 

En otra esfera Juan de la Cruz, en su célebre Cántico espiritual, pedirá que el Amado (Jesús mismo por cierto), citando el Cantar de los Cantares, le bese con los besos de su boca. Idea que va a marcar a la mística cristiana posterior.

En la religiosidad popular el beso va a ocupar un lugar importante: reliquias, fragmentos de hueso, de piel, vasijas llenas de sangre y leche, mechones de pelo, astillas y trapos encerrados en cajas de oro, plata y piedras preciosas, son besadas con devoción con más de un fiel o infiel, que espera que ejerzan sus poderes al ser besadas. De eso nos queda el besar el pan antes de votarlo, la cruz después de rezar y los dedos al persignarnos o jurar.

Sabemos también que el Medioevo hubo otras utilizaciones del beso, como durante la peste negra (1348), bandas de infectados apodados bechinni extorsionaban a la gente, amenazándolos con besarlos, casi como un cogoteo por contagio. Pero éste no era el peor beso. Seguramente el más horrible era el inventado por inquisidores y los relatos del pueblo (febriles devotos fundamentalistas) acerca de las actividades de las pobres mujeres acusadas de brujería: el beso al diablo en el Sabbath, que era nada menos que debajo de la cola (una suerte de beso negro) en el ano helado, fétido y degradado del mandinga. Se pretendía que con ese beso se realizaba el símbolo de la pérdida del alma. Casi como en un acto político el beso sella un pacto de venta de la integridad por ciertos privilegios pasajeros.

CUATRO) BESOS SIN AMOR (TAL VEZ LOS MEJORES)

El beso posee una trayectoria muy larga en lo humano. Solo por enumerar –hasta donde la memoria nos permite- podemos inventariar algunos de los besos famosos que van desde el beso de Judas, el beso de paz, el beso de Gustav Klimt, el Beso de Auguste Rodin, el beso de Elvis, algún beso entre Burt Lancaster y Deborah Kerr, Carl Gable y Vivian Leigh, el beso con lengua entre Madonna (ya que estuvo en Chile) y Britney Spears, el beso ochenteno entre Fito Páez y Charly García en el Gran Palace, el beso de bienvenida o de despedida, el beso negro, el beso a la blanca calavera quevedianamente hablando, los besos de los marineros que después se van, el beso casto y el no tanto, el beso de la mujer araña, los besos de tornillo, el clásico beso estampilla o piquito, los asquerosos -pero ricos- besos con lengua… son tantos.

 Besar de algún modo es traspasarse por el aliento vital del otro. Una suerte de entregarse (tierna o voluptuosamente) para entrar en el otro. Es un entregar y un entregarse, hacerse palabra en boca ajena y decirse en labios de otros. Curiosamente los mejores besos los hemos dado sin amor, por probar o por jugar, también por traicionar o por conveniencia… me viene por cerrar los ojos y hacer un elenco rápido de los míos: un beso en la playa en algún verano perdido, un beso a la compañera de universidad que nadie besaba, un beso de piedad o de mentira, un beso de quien camina al cadalso o viene saliendo de la tumba, o uno en un lugar de Carlos Mahns cuyo nombre no me conviene recordar, alguno que di por no dejar o por pica… otros jugando a la botella (y en mi defensa: curado no vale), un beso en Rímini en el binario tres, más de algún beso que no voy a contar nunca, otros que me muero de ganas por publicar pero sencillamente ya no puedo... después de todo parece ser cierto: a besar a besar que el mundo se va a acabar y camarón que se duerme… el que no besa pierde.

Para Ayün, a ella todos los besos

Valparaíso 18 de diciembre de 2008.

Nota: 5.9/7 (8 votos enviados)

Autor: Tito Fernández Cubillos

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