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Sábado, 22 de Marzo de 2008

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Martes, 1 de Noviembre de 2005

Un programa para un Diputado por Tomé
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Lunes, 12 de Septiembre de 2005

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Miércoles, 8 de Septiembre de 2010

Tito Fernández Cubillos

Fotografía Tito Fernández CubillosLa esperanza es un colorido volantín

Lunes, 21 de Julio de 2008
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(Frágil aunque capaz de remontar lo más alto del cielo)


No hay que asombrarse de que los más profundos problemas no sean propiamente problemas.

[L. WITTGENSTEIN, (1973) Tractatus Logico-Philosophicus, 4.003]

1. Cajón de sastre...

Acabo de terminar de leer el Programa Político de la Precandidatura de Luis Molina Vega, son exactamente las 5:27 Am de un jueves de Julio.  Se me vienen a la memoria muchas cosas que parecieran no tener mucha relación pero que, como todo en la vida, se relacionan armónicamente en su aparente discontinuidad.  Llevo varias horas pensando por qué derrotero encaminaré mis ideas para hacer justicia a un esfuerzo prometeico, este de querer proponer un gobierno para una nación que tiende (a veces sin culpa y con alguna alegría fatalista) al desgobierno. Por una parte pienso en que la última columna en El Saber data del 15 de noviembre del 2005, curiosamente el segundo coletazo de una discusión que tuvimos con Lucho acerca del mercado. Me recuerdo haberle reprochado su ingenuidad y confianza en el Mercado, sistema que me sigue pareciendo perverso.  Después se cerró nuestro pedazo virtual de Tomé, náufrago, ni me di cuenta como me arranché en Valparaíso, cerro arriba, cediendo a las tremendas y hermosas preocupaciones cotidianas y dándome tiempo para la nostalgia de primer mundo que baja entre barcos que llegan y salen.

A todos nos han pasado cosas. El país donde uno vive no es tan extenso como pretenden los discursos oficiales y los mapas geográficos. De alguna manera no me identifico con el país de la tele y la verdad es que siento que la ciudad en que vivo [y por lo pronto escribo] es mi país-nación, donde me he teñido de un sentimiento localista –larista por hacer un homenaje a Tellier-  que quiero pensar como un resabio del mundo helénico pegado a la piel de los viajeros, al imaginar (y por qué no desear) a mi Ciudad como mi Estado. Y mi ciudad en ese sentido es una gran metáfora del supuesto constructo que llamamos país –con minúscula- y que representa un estado de ánimo más que la caricatura que nos da Megavisión y Las Últimas Noticias.

Digo metáfora porque vivo en una ciudad que da cuenta del país que queda más allá de nuestros imaginarios: una ciudad que vende sus edificios patrimoniales para poder pagar las deudas de otras administraciones, una ciudad llena de mojones de perros y en consecuencia los perros vagos que los deponen, una ciudad que parece escenografía de una película pero que en realidad –día González Urízar- es una acequia de lo humano, una ciudad llena de bolsas plásticas, que va cuesta arriba cuando hay viento y cuesta abajo como un río que lava todo cuando llueve. Una ciudad naufragio. Una ciudad amontonada, sincopada, desordenada, improvisada, frágil, perfectamente humana, casi al punto de explotar o derrumbarse. Una ciudad entre el abandono y el olvido. No tan distinta de Tomé, por cierto, no tan distinta de todas esas ciudades que llamamos Chile. La Precandidatura de Luis me ha hecho salir de ella para, desde mi mesa de trabajo, con mi ventana al mar, agarrado al programa del precandidato me haga retomar el escribir y tratar de volver a Tomé por su entrada virtual: el Saber.

2. A boca de jarro... Vértigo, entusiasmo y maravilla

Hace unos meses Luis me contó por teléfono parte de su proyecto de precandidatura. Discutimos lo referente a lo económico, trataba de explicarme en qué consistía su propuesta mientras lo escuchaba con vértigo, con entusiasmo y con maravilla. Me parecía increíble, terrible y tremendo, esa rara mezcla de miedo y audacia que provocan las cosas importantes, esas que valen la pena, esas que también merecen arriesgarse, las mismas que duelen... y como duelen. Me vuelve el vértigo al leer su propuesta, porque a todas luces es una quijotada, la más sanchezca por cierto: salir a galope a darle a los molinos de viento, que no son otra cosa que gigantes mañosos que transan sus acuerdos, ceden sus participaciones y en gran número están familiarmente emparentados, arreglando sus acuerdos, como es de esperarse su cuotas, en alguna fiestecilla parental o, simplemente, quitándose el saludo, actitud tradicional entre los que gobiernan el país desde que creemos ser un país. Vértigo, porque no me lo imagino lidiando con esos viejos vinagres escalonados, o freiriados, a los que se les ha olvidado el pasado próximo y negocian con cuitas de poder y monedas de participación. Tampoco me lo veo entre aliancistas acomodiatistas según caliente el solcito. Sabemos que en ese sentido da lo mismo ser UDI, RN, PS, o DC, son lo que pudiéramos decir los molinos de viento de la clase dominante, aunque en verdad son gigantes de una derecha cada vez más a la derecha. Desde que nos dimos cuenta que el mundo se mueve hacia la derecha hemos terminado por entendernos y anquilosarnos cada vez más a la derecha.

El proyecto de Luis me provoca un entusiasmo que posee relación con la trasparencia y la frescura (en el sentido de renovación de aire y no de las acciones de ciertas facciones políticas, sociales y culturales dentro del país) con las que propone una serie de medidas, relativamente concretas, accesibles y realizables, aunque no por eso menos interesantes y complejas, en un programa para un país permanentemente amenazando en la desprogramación. Asusta pensar que en esta república de las buenas ideas (que se quedan sin aplicación y sin evaluaciones) aparezca un programa que despierte entusiasmo. Cada uno de los títulos del programa es un desafío lúdico, una propuesta a jugar en un país que nadie quiere jugar si no está seguro que va a ganar. Cada propuesta invita a pensar en volver a soñar aunque tengamos todavía el espinazo coloreando y las rodillas bien peladas... volver a soñar y a creer... dejando constancia que la esperanza es peligrosa y sabiendo que no hay pueblo más peligroso que un pueblo con esperanza. Conociendo a Luis sé que no se trata de una venta de esperanza... sino un propuesta valiente e ingenua (la ingenuidad nunca ha sido mala) y ciertamente eso es lo peligroso, que en un decir de Nietzsche, lo hace atractivo.

La maravilla es que en medio del desencanto en que nos hemos sumido nos invitan a soñar nuevamente. Pero no es un sueño desbocado, del tipo de carrete madrugador, ni surrealista de esos que uno tiene por si pasa. Me parece, por el contrario, que es un sueño moderado, un sueño casi posible, un sueño con planos de construcción abiertos, un sueño viable y sustentable, pero como buen sueño frágil, democráticamente accesible, lo que lo hace más frágil, tendiendo a lo neoliberal (menos Estado y más privados), con una beta sanamente individualista que permite cualquier hermenéutica y que promete hacer nata entre descontentos y aislados, al mismo tiempo, con una propuesta valórica que pretende anclar los sueños al territorio seguro de una tradición bien tradicionalista. Se trata de una propuesta para descontentos, pero descontentos críticos, es decir no es música para las masas, esas prefieren lo de siempre, siempre que 'no jodan la pita'. Es aquí donde radica toda maravilla: su fragilidad, por que, dejémonos de bromas, esté es un país frágil, que se piensa fuerte y sólido, pero permanentemente está redescubriendo su fragilidad. Digo que el proyecto es frágil porque nace desde un rincón de Chile, como una señal de vida que casi se la traga el abandono y el olvido. En este sentido el proyecto es asombroso ya que nos propone buenas ideas para un gobierno en el país de no me acuerdo. Un país que sale en el Escudo entre el Huemul gobernante y el Cóndor disidente, que insiste que si no es por la razón nos dará con la fuerza. Un país solo como una estrella blanca en el fondo azul desabrido de una bandera.

3. Todos los pueblos merecen una oportunidad

En algún momento caí en la tentación de pensar el programa como una propuesta conservadora enmarcada en los ámbitos de una derecha de mercado, elementos tiene para juzgarla en esa óptica, pero sorprendentemente tiene otros elementos que la salvan de jugar en esa hora cruel y horrorosa del posmoderno. Esto es muy delicado porque ha constituido el intento de los últimos gobernantes, que de entusiastas electores nos han transformados en amnésicos consumidores. El Proyecto de Luis se inspira, se centra y trata de proponer una mirada desde la periferia, desde los otros pueblos que no gobiernan hoy en las concentraciones de poder, más bien concertaciones o desconciertos de poder. 

Sin ir más lejos, el gobierno de la ciudadanía –de lo cual la plaza que de la Moneda da a la Alameda, es la muestra más fehaciente del 'desgusto' estético de la actual concepción del poder, que está permanentemente rodeada de carabineros y rejas- se transformó un híbrido de individuos-consumidores, que terminan por ser reprimidos directamente e indirectamente. Hemos visto como los ciudadanos profesores o los ciudadanos estudiantes son reprimidos por la Fuerza Pública (la única fuerza reconocida por el Estado) al ejercer el santo derecho a pataleo en temas que no sólo le competen, sino que se proyectan a nuestras generaciones venideras. O peor, la otra represión, esa de los ciudadanos golpeados por las alzas y el mal manejo económico, que terminamos pagando de nuestro bolsillo las ineficacias e ineptitudes, además de la poca voluntad política, de su clase gobernante tan 'In' como idiota. Represión, si, la misma palabra de los días del abominable José Augusto Ramón (esperemos que descanse en paz), que se aplica por las más variadas y sutiles formas. Decía el crítico literario Jaime Blume que una vez muerto el dictador, la dictadura le pervive por mucho tiempo. Razón tenía.

Al hablar de esto no podemos quitarnos de la retina lo que está ocurriendo con la Educación: la Señora Presidente promete acabar con el lucro y las partes interesadas toman venganza sobre la Ministro de Educación.  Nombran otra Ministro, una muy digna señora (en un decir del Arzobispo de Santiago) que dignamente capitaneará la imposición de una Ley General de Educación (más de lo mismo, rechazada abiertamente) usando la misma tecla represiva.  A lo que la Música –siempre el arte atenta contra el poder- termina tirándole un jarro de agua a la Ministro, cosa que va a herir ostensiblemente el cartuchismo valórico chileno. Es cierto que la Música se salió de madre, pero a los ciudadanos les sacan de forma permanente la madre con gases lacrimógenos, a punta de chorro de agua, con medidas económicas... frente a eso, creo que la Música (¡no matemos la música!) nos puede dar una buena idea de qué hacer con Lagos, Cortázar  y el ya tristemente célebre Transantiago... que es no otra cosa que mandarlos a ellos a trabajar en horas peak en el servicio de transporte más desconsideradamente inhumano que hemos visto. Pero sabemos que con auto y chofer es otra cosa hacer política. Sospecho que eso de las buenas ideas para el país, pasan en el discurso, en lo concreto nos encontramos con todo lo contrario, ya que la amnesia y la represión siguen siendo coordenadas de gobierno.

¿Y que tiene que ver todo esto con el programa? Tiene mucho que ver porque promete una ventana a la diferencia de los pueblos, una educación más justa y sueña  una economía más justa (personalmente no creo que sea posible con el mercado neoliberal). Pese a esto creo que el Programa que nos propone Luis es interesante y sumamente atendible aunque sabemos que le va a faltar el cuoteo político, figurar en los elencos de los repodridos lame... (complete la frase con la palabra faltante), le va a faltar el apoyo de los oligarcas que, a penas vean algo de provecho en él, van a intentar dar su mordida venenosa, le va a faltar media y farándula, le va a faltar Entrevistas a medianoche y páginas centrales en El Mercurio, le va a faltar promesas al ritmo del dem'a-go-go, que hace bailar sin pensar. En ese sentido la figura de Luis como precandidato es frágil, ya que no cuenta con el marketing y el merchandising de los políticos apoltronados en sus partidos y en su descrédito, cosa que le puede jugar en contra por cierto en un país tan miedoso ante las novedades y los cambios. Le va a faltar el 'oro de Moscú', por cierto, además de faltarle la venia sonriente de uno de los parientes del Obispo Piñera. Después de todo, nada de eso le hace falta.

Aunque creo que para hacer verdaderamente viable su propuesta le va a faltar solo una cosa, pido perdón por mi tono trasnochado, pero creo que le hace falta una revolución, economistas con camisas con flores, chascones del alma y del cuerpo, un cambio radical, porque hablamos de una propuesta de gobierno en un país que se encamina permanentemente al desgobierno. Volver al sueño perdido. Por eso es curioso y no menos interesante que se levante una candidatura desde el sur de los centros de poder, que busque hacerse cargo de los problemas que están pendientes desde hace un buen rato. Una locura, por cierto, pero, como buena locura, vale la pena. Se trata de soñar, se trata de volver a ser realistas y pedir lo imposible. Por eso la precandidatura de Luis es como un volantín, frágil, pero capaz de remontar la esperanza muy alto en el cielo.

Autor: Tito Fernández Cubillos

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