Al fondo el mar, el mar eterno blandiendo sus espaldas inmortales, golpeando su aldabón en los portones del eco innumerable, sumergido en el musgo verdoso de los años. El mar movilizando sus compuertas, sus cerrojos de fría escarapela, su banderín de espumas siderales. El mar amargo preparando sus flechas de diamante, sus brebajes de líquido explosivo, la rama ardiente de sus tempestades.
El mar envuelto en su bufanda lila, su bufanda de pájaros nostálgicos volando hacia el principio de la vida. El mar vestido con capote ronco sepultando a su padre una mañana, una mañana en que la luz tejía andariveles de jacinto y agua. el mar obsesionado por la muerte conversando de amor entre los astros, restituyendo el hilo de los peces, organizando marchas a caballo.
El mar sobre una mesa de ajedrez, el mar en los columpios de la noche, el mar en cuatro pies atisbando a hurtadillas el paso de un camello por la aguja del cielo, el mar atienta por las escaleras, el mar desnudo en una playa sola, el mar abandonado en una plaza preguntando el origen de las hojas, el mar atado a un poste, pensativo, el mar participando en un desfile con la frente perlada de sudores, el mar anegado de sí mismo secando sus corrientes fantasmales,
el mar con su cuchillo ensangrentado discutiendo borracho en los mesones, el mar en una silla al sol de la mañana, el mar atropellado por la luna, el mar sentado en medio de la fiesta bebiendo las mistelas tricolores
El mar mojado a trechos, cansado sin razón, con los nervios desechos de tanto andar de viaje. El mar en una feria pidiendo un pan a gritos, amoblado de espanto, envejecido de tanto batallar contra el olvido. El mar paseando solo, a pasos lentos, por un puente de cimbra entre ladrones. El mar, íntimo amigo de los pobres, repartiendo proclamas y canciones. Enojado de pronto, sin motivo, gritando insultos a los vendedores. El mar creciendo interminablemente, creciendo en espiral sobre las torres, desbordando los muelles, las alcobas, los árboles de arena, las ovejas colgadas de las ramas más altas de la costa.
Encima el mar, el mar sonoro alumbrando el espacio con sus astros, encendiendo fogatas amarillas en la ronda infinita del verano. Debajo el mar humilde, cabizbajo, con su tos apagada entre las olas y sus zapatos de escuadrón antiguo y el raído vestón desencantado. Al fondo el mar, el mar ardiente, el mar ancho, el mar ardiente, el mar ancho de perlas y rumores, iracundo y tenaz, lleno de polvo, creciendo infatigable, cielo arriba, más allá de los arcos y las flores.